viernes, 30 de junio de 2017
martes, 20 de junio de 2017
viernes, 16 de junio de 2017
PATRONA CABRONA
¡Testosterona cabrona!
¡Patrona!
¡Retrocedes
estocada trascendental!
¡Zumbas arriba y abajo!
¡De fiera izquierda a almidonada derecha
del porte norte al barítono sur!
¡Rompe aquí! ¡Rompe allá!
Súbito súbdito
desciendo diagonal
por el torrente álgido y ardido.
¡Enciende farolera tus tormentas!
Con sus plutónicas y sus pletóricas
con tu fastidiosa estampa
me llevas de retama a membrana
y me vuelves de puerco a perdiz.
¡Testosterona cabrona!
¡Patrona!
Litigas mi médula trampeas mi alma
atenazando la calma con tu pulpo santero
por tu porción rancia de semen semanal
por tu apuro a puro rudo y desdén
por tu bombeo incesante de bengala desbordada
que me quema la mente
¡vicioso vitriolo!
y me dibuja la furia
¡fusta!
en los ojos posesos.
¡Avanzas!
Barba barbárica me devora el rostro
lo deja suspenso en la negrura
como los vellos plebeyos se hicieron banquete
con el mapa blanco de mi piel y su tersura.
¿Y aquí entre mis manos qué chilla?
¿Y aquí entre mis dientes qué aúlla?
¿Y aquí entre mis piernas qué bulle
y pide y reclama y acusa?
¿Qué juego zumbas patrona
con tu bestial estrepito de hormiga?
Con este ruego rengo que prendes
y campaneas por los órganos crustáceos
con esta marejada truculenta
que comandas vertical a mi columna
haciéndome vibrar entero
como un arma detonada.
Allí
donde fragua mi aliento de león con mi aliento de hombre
donde retrocede mi estocada trascendental y me intoxica
donde se comprimen milenios de lanza en mano
en un segundo huraño de noche
ardiendo brasa rasa
en mi nuca
de insecto.
"Patrona cabrona" del poemario "ANIMALADA", editado por Crónica Mutante, 2017.
La ilustración del poema es obra de María Eugenia Bifaretti.
Sus trabajos se pueden pispear en http://meugelandia.tumblr.com/
O haciendo click ACÁ
domingo, 28 de mayo de 2017
PAISAJE DE INVIERNO
Me izo temprano sin apuros entre mantas ocres
del sacro túnel de los sueños y su barral de plumas
del catre compañero que aguanta mi hueserío
y enfilo a lo alto y frío a pata firme.
Confidente tomo nota en el cuaderno negro
y apuntalo en la persiana al solazo salvador
que raudo arremete mi barco carguero.
Con el mate provisto de pipa oteo al vecindaje
su andamiar de palangana y escoba
su mercadeo astuto gallináceo
¡No se detenga!
Tomo nota rota camino
con brazos preceptores cruzados en espalda proletaria nudo
marinero una pava flamea su bandera de humo.
Me rasgueo la barba huraña araño la parva
agito botellas templo pociones y alistado
con el torso desayunado empino un sacon y egreso al mundo.
Afuera la helada me teje otra piel
y los ojos la calle con su tutelar paisano
la pareja comadre de siempre
andaraviando en su moto su acogotar alzado.
Ese eco rufián de la moto alejándose y
la espantapájaros de al lado que se acerca
con dos bolsas colgando de su cruz
y la pollera larga como la nube que ahora
se mete el sol en la boca y lo difunde.
Emborcegado escupo a la vera del árbol sereno
y me sumo al paisaje de puerto con mi montoncito
con un pie detrás del otro cabo acatando
su casillar.
"Paisaje de invierno" del poemario "ANIMALADA", editado por Crónica Mutante, 2017.
Imagen que ilustra el poema en el librito, obra original de Julia Feroglio
sábado, 13 de mayo de 2017
EL 17
I
El 17
crece en sus meses
peces
-¡anguilas!-
no me deja
tranquila
no me mece
¿es la desgracia,
la falocracia,
la oligarcracia,
la clase crasa,
romper la casa,
tabula rasa?
¿es la estrella
que estrella
sobre la tierra
perra
todos sus dones,
sus sones
apoyando los
pezones
revolviendo,
devolviendo?
¿Es la aluviada,
la mojada
de las pezuñas de
los terneros de las patrias
en la alegría
perruna y libertaria
en las fuentes de
las buenas gentes
entre las estatuas
tan indecentes
y su peste antipedestre?
Habrá que arrojar
de nuevo los candelabros
barajar a
rajatabla todos los años
grabar a fuego los
sueños en los talones huraños del calendario
contrastar a los
neolegionarios
darle chance al
descontento de ser ungüento
para cortar la tos
ruralosa de los predios de los medios
y sufrir también
desde el friso
clase media
desde el frizado,
la neurocistitis, el autocalvario
otra vez
la lesión lección
con que carcajean
campanarios, pistolas
y tomos gruesos y
huraños.
¿Será entonces a
carcajadas
a tajadas
de vida no
acondicionada, desconsumida
que habremos de
volver selva la celda
y aprender la
barbarie que se rie
colgada de la
barba colonial
y se la traga para
digerirla
para escupirla,
para esculpirla
y nutrirse sin
irse, sin hacernos los cisnes,
sin bisnes?
Primera parte de "El 17" o "Canto largo del 17", el que no entró en los 16 poemas de ANIMALADA, el que anda por afuera.
lunes, 10 de abril de 2017
¿YUTA PUTA?
¿YUTA PUTA, FUCK POLICE?
"Vamo a portarno mal
Vamo a portarno mal
Vamo a portarno mal"
Calle 13, Vamos a portarnos mal
"Y si señor!
Vamos a llenar de ratis el paredón"
Canto popular de las marchas
Canto popular de las marchas
Primero que nada, no soy el indicado para hablar. Lo que desarrollo conceptualmente, lo que pienso, no lo banco con el cuerpo en actos concretos y me indigna esa incoherencia.
Sin embargo, frente a un terreno donde esta incoherencia es de una magnitud espantosa, donde todxs gastamos la libido en publicaciones de facebook en lugar de construir a partir de esa energía en el terreno de lo complejo, de lo colectivo, me parece necesario arrimar un pequeño bochín en torno a las -aparentes- discusiones.
En un momento histórico de gran polarización y de creciente desolación me parece necesario señalar hacia adentro, en lugar de extender el brazo sólo hacia afuera.
Y creo que el desafío, para quienes podamos sobrellevarlo por tener las herramientas con qué solventarlo, es cuestionar el posicionamiento estratégico frente a lo interpersonal en los actos de lucha y arribar a planes que no sólo se constituyan en esos momentos culmínes del deseo transformador que son las marchas (gran colectividad pero efímera) sino también en caminos más complejos y de mayor alcance.
Pienso entonces en las construcciones discursivas que observo cotidianamente frente a esa institución tan tremenda que es la policía nacional. Lo que veo, retomando la línea de mi artículo sobre ciertas formas del feminismo, es una forma degradada de militancia que atenta contra una construcción real y que -sin ganas de riesgos ni frustraciones- se libera en una absoluta demonización.
Este no es un discurso de defensa de la policía pero si un llamado de atención al modo en que construimos discurso y actos frente a un aparato de poder que reprime, mata y desaparece. Que calla y otorga, que reparte. Pero que también detenta en su interior una gran de cantidad de sujetxs que en su gran mayoría provienen de los sectores más postergados.
Cuando veo memes como el que abre este artículo, cuando veo amigxs fingir arcadas cuando pasa un patrullero, cuando ante una situación de disparos unx amigx no quiere llamar a la policía, veo que es un terreno de discusión espinoso y urgente.
Cuando escucho en mi ciudad, al sur de Argentina, a una banda de jóvenes raperos lanzar un estribillo que dice "Fuck police!" entiendo que el hecho de llamar a una complejización del problema no es gratuito. Sobre todo por el modo en qué, por ejemplo, este odio políticamente correcto (dentro de la incorrección) hacia el sector policial se cristaliza en una frase inglesa, ajena e importada, desde un sentido común de lo callejero/juvenil que poca mella tiene a la hora de dirimir poder.
¿COMPAÑEROS DE POBREZA?
Si hablamos de sujetxs de sectores postergados que forman parte de una institución que se dedica mayormente a perseguir y violentar esos mismos sectores ya partimos de una gran incoherencia. De aquí en más, hay sobrepoblación de discursos circundantes en torno a que la idea de llamar "trabajadores" a la policía es falaz.
Ahora, lo que yo me pregunto, y realmente me lo PREGUNTO, es qué posicionamiento tiene unx desde este sector privilegiado, intelectual, formado, sobrepsicoanalizado para describir y posicionar a esxs otrxs en un lugar de autoconciencia.
Voy de nuevo, ¿Qué herramientas tienen los pibes y pibas que ingresan a la policía como forma de generar un salario para sustentar su vida para poder concientizar el lugar que ocupan y el sentido político de sus actos?
Y la contrapregunta: ¿Qué herramientas acercamos nosotrxs que hemos tenido otra historia, que podemos pensar a la policía desde un lugar histórico, qué podemos ver su rol represivo como un acto antipopular, a esxs sujetxs?
Si las expresiones frente a la problemática son demonizar al Otro, construirlo en una totalización sin capacidad subjetiva, creo que estamxs fritxs. Si las expresiones son que "Yo abortaría por si SALE policía" no estamos midiendo el discurso qué enunciamos. No podemos ver qué la condición de policía es resultado de una serie de decisiones específicas y que no pueden reducirse a una sola cosa.
Cuando se habla de una sola cosa hay que estar en guardia. Agudizar la mirada para ver qué se escapa de ese discurso.
Y este no es un reclamo o una queja, sino un gesto en torno a intentar inaugurar otras discusiones para quienes consideramos que lo que sucede con la policía, en este país y en el mundo, tiene que terminar. Es poder hacernos cargo, quienes tengamos el tiempo y las herramientas, para ir hacia una transformación verdadera y no caer en una descarga pasajera.
POSDATA PARTICULAR
Este verano, de viaje por Ecuador, un 'chacho que conocí en el viaje me invitó muy afectuosamente a cenar a su casa.
Cuando entré y vi cuadros militares se me enroscó el corazón. El padre era militar. Mi prejuicio (con claros fundamentos teniendo en cuenta nuestra historia) me latía en el cuerpo. Nos sentamos en la mesa y empezamos a conversar. A medida que entablábamos la conversación de a poco ese pulso se fue relajando. El "Milico" me hablaba de Chavez, de Kirchner y de Correa, del nuevo movimiento latinoamericano. De la construcción de hegemonía nacional. Dialogamos sobre lo tremendo de las políticas de Macri y sobre la represión.
Claro que esto es un caso particular y que la historia de las fuerzas militares en Ecuador es bien distinta a la nuestra pero no quita que el hecho de que empaquetar a las personas bajo un juicio determinado a priori desgasta las posibilidades de intercambio y, eventualmente, de transformación.
Si bien no me hacen ninguna gracia ni la Iglesia, ni las fuerzas militares ni las fuerzas policiales, tengo la capacidad de poder entender que son grandes complejidades que no se comportan de una única manera pese al caracter hegemónico que las vuelca hacia un costado siniestro y despota.
Creo que hay curas tercermundistas aún día, que hay militares con ideales éticos y, probablemente, también policías con esos horizontes.
Sin compartir el modo de llevar adelante la transformación, la plataforma desde la cuál actuar, puedo imaginar que hay más de unx policía en las fuerzas que repudia los hechos vividos este último domingo 9 de abril, los anteriores y los que vendrán. Y creo que ningunear desde un lugar de superación, de no infección y de distancia radical no van a llevar a que esxs -probablemente- escasos sujetxs puedan batallar una hegemonía dentro de las fuerzas policiales.
Queramos o no, la policía es parte de nuestra sociedad. Podemos marginarla de las discusiones sociales o ver los modos de interpelarla, de redefinirla.
Debajo de las atrocidades que cometen también hay potenciales compañerxs de transformaciones más dignas para la humanidad. Y lxs necesitamos.
sábado, 25 de marzo de 2017
LA CUESTIÓN ES PASAR EL TIEMPO
LA
CUESTIÓN ES PASAR EL TIEMPO:
1960
DOS FILMS
LATINOAMERICANOS SOBRE LA JUVENTUD
“La cuestión es pasar el tiempo, ¿No?”
Vickie en “La terraza”
“Last year I
was twenty one
I didn't have
a lot of fun
And now I'm
gonna be twenty two
I say oh my
and a boo-hoo
It's 1969 OK
all across the USA
It's another
year for me and you
Another year
with nothing to do
Another year
with nothing to do”
“1969”, Iggy Pop and The Stooges
Los films “La terraza” y “Los Caifanes”[1],
además de ser latinoamericanos, comparten la misma década de producción, la
misma franja etaria en sus personajes, un posible retrato de la clase alta
urbana y el desarrollo de la línea principal de la historia en una noche.
Parece que la juventud, protagonista en
ambos films, debe ser retratada en la duración de una noche: una noche cálida
que permita estar hasta tarde en la pileta o pasear sin restricciones por la
ciudad.
La noche.
La noche que demanda aventura, alguna
locura para abolir el tiempo y gozar intensamente, como dicta el mandato juvenil.
La noche que apura y libera y que muere
lo suficientemente tarde como para haber olvidado al mundo entero en su
transcurso (como dice uno de los caifanes para inaugurar la aventura: “La noche
es larga, Caifanes”).
En ambos films, noche mediante, lo que
prima es un gesto de rebeldía, una búsqueda de peligro para quebrar el tedio
cotidiano, aunque de modos bastante distintos.
En la película de Torre Nilsson la juventud
es de una clase acomodada; de familias bien de Buenos Aires con estancias a su
haber y futuros “formidables”; que decide en un afán caprichoso apoderarse de
la terraza del edificio de los padres y permanecer allí todo lo que
su deseo dicte. Esta rebeldía vana de aparente libertad (con la paradoja de
estar en un edificio, aislados de la ciudad, en la cima) se celebra con jazz
(no podía ser menos), escarceos sexuales, alcohol y cigarrillos.
En el film mexicano la cuestión es
distinta. Se trata de una pareja clase alta que, a partir del aburrimiento de
la chica y sus ganas de tomar riesgos, terminan intimando en un auto ajeno. Allí son sorprendidos por el dueño, Capitán Gato, que junto a su pandilla de
caifanes (unos muchachos clase baja noctámbulos) los invitan a pasar la velada
con ellos. En este caso la rebeldía es a costa del delito, del roce con el peligro de
la urbe, que es moneda corriente para los que poco tienen que perder y novedad
para los que que participan sólo por esta noche, los empoderados. La banda
sonora por otra parte es más autóctona y hay rancheras, boleros y hasta un tango
“de la época de oro de don Carlos Gardel”.
En las dos películas; gran tema de la
juventud, gran tema de la noche; se juega la carga erótica, el deseo furioso.
En LC
aparece a partir de las miradas. Miradas a través de espejo retrovisor, de
refilón, desde el costado, miradas compartidas a las piernas de Paloma que
asoman bajo la falda del vestido y en la complicidad de la banda frente al
novio celoso (cuya relación con la chica es material para todo un análisis de género). Miradas que llevan luego a un roce de manos y a un breve romance entre
el Estilos y la muchacha.
En LT
por otro lado, la seducción está presente todo el tiempo: chicos y chicas
esbeltos en malla, permanentemente entre
bailes, miradas y chistes.
En un momento juegan a “la balsa”, en donde
cada une de los personajes elige con quién se queda desechando al resto y
arrojándolos a la pileta, no sin antes declarar las razones por las cuáles
pierden la candidatura. Aquí se empiezan a armar las parejas y además, hallazgo
para la época, hay una salida del closet (algo hostigada por otro lado) de uno
de los personajes.
Otra parte cargada de erotismo es la que se
da entre Alberto y Claudia durante la noche, cuando ella tiene frío y él la
calienta respirándole cerca y luego le saca, debajo de una toalla, la malla
mojada.
En ambos films también está presente la
contracara de lo erótico, el filo, el último peligro. La muerte.
En LT
es la amenaza del suicidio con la que mantienen alejados a los adultos
impidiéndoles interrumpir la fiesta, es el cuerpo joven que oscila en la noche, tentando a caer a la realidad del concreto y del mundo. También es el intento de homicidio de
Belita cuando Rodolfo, el violento personaje que interpreta Leonardo Favio, la
arroja como última acción frente al fin inevitable de la rebelión. Es Belita,
la niña de los mandados, la niña que sueña con poner un kiosco, la que termina
pagando los platos rotos con su pierna.
En LC la parca aparece en los refucilos de la violencia de la noche: la pelea a punta de puñal en el
cabaret del Géminis, el papa noel ebrio que interpreta Monsiváis al que le
destrozan el traje por puro juego sádico, el automóvil desacatado de velocidad
huyendo de la policía con alcohol circulando, la aparente asfixia que finge el
Azteca cuando aburridos juegan a los muertos en el cementerio encerrándose en ataúdes.
Y también aparece encarnizada en una prostituta vieja y huesuda, muy
maquillada, a la que la llevan de paseo en un coche fúnebre, burlándose una vez más de la muerte.
Ambos juegos de rebeldía culminan con el
día: en LT, luego de que Rodolfo
tire a Belita, todo vuelve a su status quo y, elipsis de por medio, en la
pileta vacía juegan con las hojas otoñales los hijos de trabajadores. Belita
con su muleta y su amigo del teatro.
En LC,
la pareja ya peleada es llevada por los caifanes a través del mundo popular, que de día
pierde brillo y se muestra como es: pobretón y trabajador, cargado de gente que
viene y va buscándose la vida.
La pareja se baja, se alejan y el viaje de
descubrimiento de Paloma queda hasta el momento en un pequeño coqueteo por el
tentador mundo de las clases bajas, por sus vecindades desconocidas, por su
dialecto y su compadrería. Queda en un caballito que le regaló el Estilos. Eso
sí, hay una decisión: vuelve en su taxi sola, dejando a su novio en la calle.
Queda la noche, los momentos que se alcanzaron
en la lucha contra el aburrimiento, los besos y las risas ahora atravesadas por
el día que demanda rutina nuevamente, por el tiempo que avanza y pide más.
Quedan los goces contrastados: el ocio y la
quietud aristocrática de los jóvenes de LT,
tirados en la pileta, rozándose los pies, al sol (algunas reminiscencias pueden
sentirse en “La Ciénaga”), que por tener todo sienten que no tienen nada. En el
otro extremo la road movie citadina, el movimiento permanente de LC, el movimiento de los nadies, de los
desposeídos que exprimen la noche en aventuras. Aventuras vanas pero aventuras,
sacudones a la vida que les corre por los cuerpos -esos cuerpos que es de lo
poquito que poseen-, antes de devolverlos.
Un sacudón al tiempo que es en suma el gran
problema para ambas películas: qué hacer en la noche, qué hacer con la noche,
qué hacer con el tiempo de la juventud, con las ganas y el mandato del goce.
Aquí calza el lema punk de “Viví rápido y morí joven”, la aventura
autodestructiva de consumirse rápido y sin concesiones con la sociedad. Contrarrestar ese tirón largo que es la vida de la civilización urbana que Tom
Lupo sintetizó en “Semen / cemento / cementerio”.
En suma, la noche pasa y la cuestión es
atravesarla de algún modo: henchidos de vida y faltos de futuro como los
caifanes o seguros y aturdidos del aburrimiento como los chicos bien de México
o Argentina.
En suma, como decía Baudelaire: “Para no
ser los esclavos martirizados del Tiempo, / ¡embriáguense, embriáguense sin
cesar! / De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca.”
“La Terraza” y “Los Caifanes” están disponibles en
youtube.
“Los Caifanes” también está disponible en el catálogo
de Netflix.
Texto originalmente publicado en la Revista Pulsión N2 "Militar el cine"
Texto originalmente publicado en la Revista Pulsión N2 "Militar el cine"
[1] “La terraza” (1963)
Leopoldo Torre Nilsson, Beatriz Guido.
“Los
Caifanes” (1967) Juan Ibañez, Carlos Fuentes.
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